La lengua de signos catalana y la LSE lengua de signos española

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Como bien sucede con las lenguas escritas y orales las lenguas de signos surgen ante la necesidad que poseen las personas de comunicarse, en base a signos entonces se crea todo un código que finalmente les permite entenderse y transmitir sus ideas.

La lengua de signos española difiere en algunos conceptos y signos con la lengua catalana y es que cada una de ellas si bien surgen ante la misma motivación se ven determinadas por realidades distintas. Un hecho interesante es que Cataluña es concebida como una provincia cuya característica más notable es la posesión de distintas lenguas orales hecho que no sucede con la lengua de signos y es que existe una sola de ella.

De esta manera, las personas con alguna incapacidad auditiva o en el habla se expresan a través de un único mecanismo, la diferencia entre la lengua de signos catalana y la española nos ayudan a reflejar lo que en algún momento expresamos como la particularidad que supone cada lengua bien sea a nivel de países o como parte de una misma nación.

La lengua de signos catalana cuenta desde el año 2005 con una gramática básica propia, con investigaciones lingüísticas particulares y con un diseño que difiere en ciertos elementos con la lengua española, expertos afirman que existen ciertas similitudes entre esta y la lengua de signos valenciana otros en cambios argumentan que sus raíces devienen de la lengua de signos francesas; sin embargo, hoy en día la relación con esta última parece ser muy escasa.

A continuación mostraremos el alfabeto catalán con el objeto de identificar ciertas diferencias entre los signos de esta y la LSE

Si comparamos esta imagen con aquella que colocamos en post anteriores y que nos expone el alfabeto español podemos resaltar tres cambios fundamentales. Bien sabemos que en el idioma catalán la “ç” es sumamente importante, en este sentido, esta letra se hace parte del código de signos a la vez que la “ch” no se encuentra en él, lo mismo sucede con la “ñ”. Todo esto nos ayuda a demostrar que de la misma manera como los idiomas difieren así mismo ocurre con las lenguas de signos.

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